por Carlos Mauricio López
@ElColoPaSuGente
Dicen que los héroes, los paladines, los ídolos, ganan el corazón de sus adeptos a punta de sacrificios, victorias, éxitos y felicidades. Qué duda cabe. De aquellos, está plagada la historia, en cualquiera de sus ámbitos. Y los nombres de esos esenciales se conservan intactos y lúcidos en los recuerdos de todos los que adscriben a su legado.
Colo Colo no está exento de esos devenires y su rica historia está plagada de ídolos y héroes que, a punta de proezas y sacrificios, han teñido de gloria su destino, clavándose imperecederamente en la galería máxima de irremplazables dentro de los anales de la institución futbolística más importante de Chile.
Marcelo Pablo Barticciotto Cicaré es uno de ellos. Su entrega desinteresada por el club, el amor incondicional por estos colores y la pasión que puso cada vez que tuvo que defender la tricota blanca, lo han encumbrado, junto con el capitán David Arellano, a lo más alto dentro del panteón colocolino.
Sin embargo, y aún cuando nos haya entregado en abundancia todo aquello, “Barti” se transformó en el más insigne adalid de Colo Colo, tras asestarnos una estocada ácida al marcar el “Gol Triste”, cuando, por los azares del destino, vestía los colores de Universidad Católica.
Aquella vez, y tras una perfecta jugada que desembocó en un maravilloso tanto, Marcelo bajó la cabeza, miró el pasto y caminó abatido hacia la mitad del campo, mientras sus compañeros, jubilosos, corrían a felicitarlo. Apenado en ese momento, no imagino que la herida provocada sería efímera y que aquel momento jamás se borraría de la memoria de cada colocolino bien nacido, pues, ese preciso hecho, lo había catapultado al selecto grupo de los imprescindibles de nuestro club.
Hoy, y orquestada por traidores, una simple, pero insidiosa fotografía, pretende mancillar su nombre y sus conquistas, intentando pasar por alto el sitial que meritoriamente se ganó. Así, a través de groseras y, por qué no decirlo, hasta ordinarias maniobras, quienes dirigen los destinos del club intentan distorsionar a su antojo la historia de la institución, desconociendo a Barticciotto simplemente porque hoy el ídolo se les presenta como una molesta piedra en el zapato que les perturba el llevar a cabo tranquilamente sus nefastas, oscuras y repugnantes intenciones.
Lo difaman, lo rebajan y aminoran su figura, como intentando con eso hacer desaparecer su imagen e incidir en los fanáticos para que lo destierren rotundamente de sus recuerdos.
Pero se equivocan, pues, nada borrará de la mente de los hinchas del Cacique al chico espigado que cruzo la cordillera, colmado de esperanzas y con la ilusión de hacerse un nombre en el cuadro más popular de Chile, a fines de los ochenta..
Ninguna fotografía impedirá que los colocolinos rememoremos el debut con la enseña alba de Marcelo Pablo, aquel 31 de agosto de 1988, en la caída como local ante Naval de Talcahuano, en el Estadio Nacional. Absolutamente Nada.
Ni la imagen más grande y ostentosa, reprimirá que los que verdaderamente sentimos estos colores olvidemos cuando gritó su primer gol con el “indio” en el pecho, dándole el triunfo a los “Albos” ante Deportes Valdivia, el 9 de octubre del 88’ en la “Ciudad de los Ríos”.
Tampoco aplacarán de nuestros recuerdos el cómo gestó su ingreso a lo más selecto de los héroes “populares”, marcando el primer gol con que Colo Colo venció a Peñarol por 2 a 1, en la reinauguración del Estadio Monumental, la maravillosa tarde del 30 de septiembre de 1989. Ahí, y tras pase de Jaime Pizarro, eludió a dos rivales, y ante la salida del portero Álvez, le levantó el balón sutilmente para mandarlo al fondo de las redes y meterse de lleno en el corazón de todos los hinchas "Blancos". Ténganlo claro: Nada.
De ninguna forma y por ningún modo, lograrán que nuestra memoria no evoque como en aquel febrero del 90’, “con más dudas que certezas”, y por esas cosas que sólo se dan en Chile, “Barti” levantaba su primer trofeo como campeón de Chile año 1989, luego de marcar 9 goles en dicho torneo.
Que no les quepa ni la más mínima duda, y léanlo bien, que a ninguno de los que verdaderamente vibramos con el club que nos legara Arellano, jamás se nos va a olvidar como Marcelo Pablo Barticciotto fue uno de los grandes artífices de traer por primera y única vez el trofeo más prestigioso a nivel de clubes de Sudamérica, la Copa Libertadores, en ese mítico año 91’. Que les quede claro.
Ni con dinero, ni con triquiñuelas, ni con falsedades, ni con montajes lograrán que los recuerdos hermosos de Marcelo bregando porque la copa la miráramos y la tocáramos, se evaporen de nuestras mentes. Pues aquellas conquistas, labradas a sangre y sudor por el oriundo de Avellaneda, quedarán impregnadas para la posteridad en nuestras memorias, ya que cada vez que pensemos en aquella gesta aparecerán, una y otra vez, los goles a Barcelona y a Concepción. Y, sin ninguna duda, asomará aquella extraordinaria noche del 22 de mayo de ese mismo año, cuando, y tras maravillosa jugada, abrió la senda del triunfo ante Boca Juniors, poniéndole ese pase excepcional a Rubén Martínez. Ni menos relegar al olvido aquella definición exquisita con que el propio “Barti” venció a Navarro Montoya y pavimentó la clasificación a la final. No lo lograrán.
Olvídense y piénsenlo mejor cuando especulen que dejarlo fuera de una foto hará que los colocolinos olvidemos como en la legendaria noche del 5 de junio de 1991, aquel pelilargo muchacho argentino, emocionado hasta las lágrimas, agradecía a su padre y le ofrendaba aquel título a modo de retribución por los sacrificios que su familia había hecho por él, en un gesto conmovedor de profunda humildad. No nos tomen por ingenuos, pues no olvidamos.
Maduren mejor la estrategia para la próxima, pues si imaginan que con excluirlo abyectamente de la historia, la figura de Barticciotto desaparecerá de la memoria de los hinchas del “Cacique”, están profundamente equivocados, pues, y justo ahí, aparecerá Marcelo con su “Gol Triste”, asegurando que jamás celebraría una conquista propinada al club de sus amores y de toda su vida, para remover vehementemente el corazón de los simpatizantes de esta institución con sus sentidas palabras. Reflexiónenlo
Releguen a un lugar bien apartado el canto de sirenas que significa su dinero, pues ni con todo el oro del mundo comprarán la memoria del verdadero seguidor de Colo Colo, ese que nunca quitará de sus recuerdos a “Barti” junto a Espina, comandando aquella “Patrulla Juvenil” que doblándole la mano hasta al propio destino, fue capaz de vencer a su archirrival en el peor año de su historia, derrotar el "Mito de Calama", doblegando a Cobreloa dos veces en la altura, y coronarse campeón humillando a Universidad Católica, faltando poco tiempo para que se cumpliera un año desde que la "justicia" declarara la cruel quiebra. No, no lo conseguirán.
Señores, no subestimen al colocolino común. A ese que durante toda la historia ha juntado peso a peso para alentar a su club. A ese que nadie le regala nada y que no tiene más alegría que el triunfo popular. A ese que la marraqueta le resulta más crujiente y el té más dulce cada lunes, luego que el equipo de sus amores le regala una victoria. Esos, los más humildes, los que siempre estuvieron y han estado, y que no llegaron persuadidos por el dinero que podrían ganar “invirtiendo” en la institución, esos, señores, esos, no olvidan a quienes juraron amar y defender a su camiseta, y entre aquellos está Barticciotto.
Porque, cansado de hacer goles, de regalar títulos y entregarnos alegrías, Marcelo Pablo hoy vuelve a levantar las banderas, a liderar las huestes y guiar las batallas, esta vez para recuperar el club y devolverlo a quienes realmente pertenece. Y, luego de eso, ni las conjuras más repulsivas, ni las maniobras distractoras borrarán del imaginario colocolino la figura exultante, nítida y excelsa de éste, el mayor ídolo “Albo”, pues el “Barti” permanece perpetuo en nuestra memoria y en nuestros corazones.