Por Donuts Summer
¿Cómo era Chamaco Valdés? “Talentoso”, “de amplia visión periférica”, “le pegaba a la pelota con las dos piernas”, “ponía pases de 30 ó 40 metros con excelente precisión”, “gran definidor”. El colocolino que tuvo la fortuna de verlo jugar no se guarda ningún atributo futbolístico para destacar la figura del otrora mediocampista albo, fundamental en aquel famoso equipo que casi toca la gloria el año 73.
Se me ocurrió preguntarles por Francisco Valdés a hinchas cercanos que lo vieron jugar, con la única exigencia que fueran simpatizantes de equipos rivales, para entender desde su perspectiva la clase de jugador que encarnaba unos de los ídolos más grandes en la historia del club.
“Se paraba en el medio y distribuía la pelota. Gordo y chico, era muy bueno para meter pelotazos largos”, afirma el abuelo de mi hija, porteño e hincha de Santiago Wanderers de toda una vida. “Era un dominador de la pelota, una aduana que recibía todos los balones en Colo-Colo. Era el motor del equipo, desequilibrante, una estrella muy reconocida. En ese tiempo las rivalidades entre los hinchas de los distintos clubes no estaban tan exacerbadas, los talentos como el de Chamaco eran reconocidos por todos”.
Mi padre, antiguo hincha del Ferrobádminton y simpatizante de la Universidad de Chile luego de su paso por la casa de estudios y la desaparición del club de sus amores me comenta:
“Era una cosa bien particular, se supone que era el habilitador, jugaba con Caszely y en teoría su trabajo era proveerlo de oportunidades de gol, pero él mismo era un goleador nato. Era muy bueno, tenía una pegada extraordinaria y si se paraba frente a la pelota para servir un tiro libre era medio gol. Un jugador muy completo, lo vi muchas veces habilitar a Caszely casi de espaldas, sabiendo que el “chino” ya iba picando. Podía hacer un pase sin parara la pelota, desde el aire y sin acomodarse, jugada que sorprendía a cualquier defensa. Si yo tuviese que compararlo con alguien, lo haría con Cua-Cua, y Cua-Cua Hormazabal son palabras mayores”.
Mi compañera de escritorio escucha la conversación telefónica con mi padre y me explica que en su niñez su gatito se llamaba Chamaco, “porque era blanco y negro, y Chamaco era el mejor”. En la casa donde deambulaba el gato bautizado con el nombre del crack, todos eran hinchas de Universidad de Chile.
Al parecer, el gran Francisco “Chamaco” Valdés sólo tenía rivales en la cancha.
Los fines de semana en el parque Padre Hurtado es costumbre que los padres paseen a sus hijos pequeños en caballitos pony que arriendan. Entre otros caballitos, su hijo podrá montar en el pony llamado “Colo-Colo” o en su retoño “Colocolito”. La próxima vez que vaya, pida que su hijo pasee en el ejemplar llamado “Chamaco”, el pony que humildemente homenajea al goleador histórico.